El vapeo y tu derecho a consumir

Antonella Marty
Autora libertaria y conferencista internacional

No es algo novedoso encontrarnos con algún político deseoso de regularnos nuestra vida personal: como lo es con el alcohol, el azúcar, el tabaco o las demás drogas, también el acto de vapear ha caído dentro de la misma bolsa.

Como sucede con todo, a los políticos y demás legisladores poco les importa la voz del consumidor, mucho menos la defensa de los derechos de los usuarios.

Pero vayamos por partes. Aunque nunca o quizás alguna vez hayas oído el término “vapeo”, muy probablemente hayas visto a alguien “vapear”. Pues, vapear es, simple y sencillamente, el acto de fumar un cigarrillo electrónico o también llamado “vaporizador”.

Qué nos importan los cigarrillos electrónicos, podrás preguntarte. Pues, quizás a muchos no les importe, pero hay personas a las que sí. Y más importante aún, existen legislaciones, regulaciones y prohibiciones que además de violar las libertades de los consumidores, están perjudicando a los individuos y, como siempre, causando consecuencias opuestas a las que dichas legislaciones buscan conseguir.

Partamos del hecho que el cigarrillo electrónico es mucho menos dañino que un cigarrillo tradicional. En tanto que al consumir el primero se reduce el riesgo de enfermedades y muertes relacionadas al consumo de tabaco. Este es el consenso al que ha llegado la comunidad médica, traducido en los reconocidos estudios de la Public Health England, donde se afirma que el cigarrillo electrónico es un 95% menos dañino que el cigarrillo común. El cigarrillo electrónico tiene más efectividad que medicamentos, chicles o parches.

Son más de 40.000 muertes por tabaquismo al año en países como Argentina. A lo largo del mundo, cada año mueren más de 8 millones de personas a causa del tabaco. Estamos claros: prohibir el tabaco no sería la solución. Se ha intentado, así como se ha intentado con el alcohol en los años veinte del siglo pasado en Estados Unidos y, ¿cuál fue el resultado? Mafias, violencia y Al Capone. Lo mismo se hace con el cannabis o las demás drogas, ¿el resultado? Una costosa y fallida guerra contra las drogas que ha causado estragos en toda la región latinoamericana. Prohibir nunca es la solución. Somos adultos, somos grandes, podemos tomar decisiones por nosotros y no necesitamos a un burócrata que nos diga qué hacer.

Muchos consumidores de cigarrillos que quieren dejar de fumar se refugian en el cigarrillo electrónico como una alternativa ya que les brinda la opción de acceder a una dosis de nicotina pero sin los cientos de tóxicos del humo del tabaco y resultado de la combustión (la nicotina puede irse regulando y eliminando según disponga el usuario, otra gran ventaja).

El cigarrillo electrónico se prohíbe y el resultado, pues, queda a la vista de todos. Así lo afirman los estudios del Consumer Choice Center, think tank que promueve la defensa de los derechos de los consumidores.

Países como Argentina siguen aferrados a la prohibición dispuesta por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT). Otra pregunta que podríamos hacernos aquí es la siguiente: ¿qué lógica hay en tener a burócratas diciéndonos cómo vivir nuestras vidas, qué consumir, qué comer o cómo curarnos?

Saliendo de este punto y aparte, la prohibición de la ANMAT se sustenta en un antiguo informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Desde 2011, Argentina se declaró a favor de la opción más cruda respecto al tópico: la prohibición. A ella le han seguido Brasil, Egipto, Tailandia, Venezuela o Uruguay.

Así, las proyecciones de Smoke Free World afirman que si no existieran estas regulaciones y dichos productos estuviesen disponibles con mayor amplitud, podríamos prevenir entre 3 y 4 millones de muertes al año para el 2060.

Algo similar podemos visualizar cuando nos toca evaluar las prohibiciones del cannabis, por ejemplo, para uso medicinal (miles de personas con enfermedades no pueden acceder a una planta que los ayudaría enormemente con sus condiciones médicas como es el caso del Parkinson o las convulsiones, pero no, nuevamente aparece papá Estado). Tema aparte, corresponde aclarar que quien escribe defiende la despenalización del cannabis y está a favor de que los adultos que lo deseen puedan hacer uso medicinal o uso recreativo en la medida que gusten. Y al que no le guste, pues, que no consuma, pero ya basta de querer controlar vidas y cuerpos ajenos.

¿Cuáles son las consecuencias negativas de la prohibición? Aquellos que quieren dejar el cigarrillo tradicional no pueden acceder a una de las alternativas más eficientes, y quienes lo consiguen no saben cuál es la calidad de los cartuchos o dispositivos que obtienen. Mientras tanto, aquellos productores o comerciantes que quieren dedicarse a este sector también se verán perjudicados: se pierden puestos de trabajo y se perjudica el sector privado de la economía.

Ahora supongamos que nos olvidamos completamente de todos los argumentos que vimos anteriormente. Pues, el pilar fundamental de cualquier sociedad libre se cimenta en la libertad de elección, en la libertad de acción. Mientras tus acciones no perjudiquen a los demás, estás en toda la libertad de consumir y hacer lo que desees con tu propio cuerpo. Como bien señala el autor español Antonio Escohotado, “de la piel para adentro, mando yo. Ahí empieza mi exclusiva jurisdicción, y elijo si debo o no cruzar esa frontera. Soy un estado soberano”.

De esto se trata este asunto: de tu derecho a elegir, de tu derecho a consumir, de tu propia libertad. Si no hay víctima, no hay delito. El Estado debería sacar urgente sus manos de donde no le incumbe.

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